Knolling sherlockiano: lo elemental, mi querido Watson

 

Las historias de misterio a menudo juegan con la dualidad de la luz y la sombra para crear un ambiente intrigante y enigmático como bien juega con ello Arthur Conan Doyle en “Las aventuras de Sherlock Holmes: La banda de lunares”, cosa de la que también se ha querido hacer eco la iluminación del propio resultado final.

La disposición de los objetos de este knolling literario ha querido escenificar la forma de una de las piezas clave del final de la obra: la víbora del pantano, a quien confunde Holmes con una banda de lunares (justamente da nombre al caso).

En primer lugar, nos encontramos con unos anillos de compromiso, detonantes del hecho que ocasiona el primer contacto entre la señora Helen Stoner, el detective Sherlock Holmes y su colaborador, el doctor Watson. Seguidamente, se halla un velo negro, representación clara del luto que profesa ante la muerte en extrañas circunstancias de su hermana. Al lado de dicho objeto, está la característica gorra de Holmes y su bastón largo y delgado.

Tras ello, localizamos el candil que Stoner y los investigadores utilizan como señal para el acceso a la mansión donde vive la mujer y su padrastro Grimesby Roylott (sospechoso de la muerte de su hijastra). Asimismo, se ha dispuesto una pequeña linterna sorda utilizada por el posible culpable y una vela usada por Holmes y Watson para poder visualizar la situación.

Por último, ubicamos un cartón de leche, pues es un producto que atrae a las serpientes, una caja fuerte donde se mantenía escondido al animal y, en el tramo final, el libro que si os lo leéis (guiño, guiño) conoceréis el desenlace de esta apasionante historia.  

PD: el fondo blanco simboliza la calma. “No se muevan, no hablen, no respiren, estoy tratando de pensar”, decía Holmes. Para bien pensar necesitamos tranquilidad.


 

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